Maternidad, Montessori

Gabor Maté, TDAH, crianza y maternidad

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El fin de semana, mi querida amiga Marycarmen me sugirió oír y leer a Gabor Maté, un médico especializado en el tratamiento de adicciones. Ahora mismo dicta en Hungría un taller junto a Sat Daram Kaur que vincula el Kundalini en el tratamiento de las adicciones. Gabor Maté, además, lleva algunos años transparentando lo que hay detrás del creciente índice de casos de niños con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Oír sus conferencias me movilizó por completo: hace una radiografía del trato a los niños y de sus consecuencias en la sociedad.  

Entre 2003 y 2015, en Estados Unidos, se incrementó en 43% la prescripción de fármacos para tratar el TDAH. En Ecuador, el aumento de casos tampoco nos es lejano. Las recetas se otorgan más a varones que a mujeres. Las medicinas que se prescriben son antisicóticos que se usan para el tratamiento de la esquizofrenia. Para Gabor Maté, lo que está detrás de este diagnóstico es la destrucción de la infancia en Estados Unidos. De hecho, más de la mitad de los adolescentes en ese país cumplen con los criterios para sufrir algún trastorno mental en el futuro.

El TDAH tiene tres síntomas: poco control en los impulsos, hiperactividad física e incapacidad para poner atención. Sucede porque no existen las bases para un correcto funcionamiento del cerebro.

En la actualidad, explica el doctor Maté, están en franca desaparición las condiciones para que el cerebro infantil se desarrollé de una forma apropiada y para que exista una infancia psicológicamente sana. La manera en que criamos a nuestros hijos nos priva cada vez más de la posibilidad de entregarles bienestar en el sentido moral: capacidad de conectar consigo mismos y con los demás, actuar con responsabilidad y sentido social, sentir empatía y preocupación por los demás. El cerebro humano no se desarrolla por un patrón genético sino por el entorno. La condición esencial para el desarrollo de los circuitos cerebrales, para que creemos empatía, conexión con los demás y con nosotros mismos, para regular el comportamiento que nos da sentido y responsabilidad social es la presencia continua y emocionalmente disponible, no estresada, de cuidadores en sintonía con los niños. En resumen: los niños necesitan la presencia no estresada de padres emocionalmente disponibles.

Los medicamentos que se recetan para el TDAH aumentan la dopamina que permite a la persona sentirse motivada y, por tanto, concentrada. Las investigaciones con crías de monos, arrojaron el siguiente resultado: la dopamina baja en dos o tres días cuando las crías son separadas de sus madres. Entonces, lo que hay que corregir, señala Maté, es el enorme problema social que está detrás del trastorno: la desconexión de la sociedad con la infancia y la crianza en manos de padres estresados.  El problema no es la medicación, el problema es que lo único que se hace, en el 80% de los casos, es solo medicar. No cambia el entorno familiar ni escolar. Nadie conecta emocionalmente con esos niños y todo se ve como un problema de comportamiento. Pero no lo es: el niño, en realidad, está manifestando sus carencias emocionales y lo que los adultos debemos hacer es ayudarlo a desarrollarse.

La mayor parte del tiempo los niños no pasan con sus adultos de crianza y es justo lo que necesitan para el desarrollo sano del cerebro. Los niños de las guarderías en los Estados Unidos tienen niveles de estrés emocional mucho mayores a los niños que se quedan en sus casas. Excepto en aquellas guarderías donde hay una conexión óptima entre adultos y niños. Hay que repetirlo: no basta con estar, la presencia del adulto debe ser emocionalmente disponible. Si somos adultos que también buscamos conectar y pertenecer, que nos importa más la mirada del exterior, que no queremos sentir la vulnerabilidad del no saber, la fragilidad detrás del deseo de investigar, si somos adultos indiferentes frente a todo como medida de protección ante la impostura social, si huimos de nuestros dolores, la escuela puede hacer la diferencia. A la final lo que necesitan los niños son adultos a cargo de su cuidado. Por eso, los colegios y guarderías, como lo sostiene el doctor Maté, tienen que ser espacios para la conexión emocional y no solo espacios de aprendizaje pedagógico.

La falta de un entorno adecuado para el desarrollo cerebral trae como consecuencias futuras no solo trastornos de hiperactividad o falta de atención, los problemas mentales, las adicciones, la sexualidad precoz, el embarazo adolescente y el acoso escolar (bullying) también son una manifestación de este problema. Un agresor es un niño muy inmaduro con necesidad de integrarse y su manera de conseguirlo es explotando la vulnerabilidad del otro, explica Maté.

En este escenario, las bajas de maternidad de pocas semanas no ayudan. La depresión posparto, afirma, se produce principalmente cuando la madre no tiene el apoyo que necesita. La depresión posparto no permite a la madre estar en sintonía con su hijo, y los padres estresados por la presión laboral y familiar, no son el soporte emocional que la madre necesita en ese momento. La lucha, entonces, es por cuidar a las madres para que ellas cuiden a sus hijos y, así, la sociedad se vea recompensada. Los problemas de desconexión, de violencia, de adicción, de falta de empatía que vivimos día a día son una muestra del profundo abandono emocional en el que se han criado los niños que esos adultos fueron. Cuidarnos y cuidar es vital. En Estados Unidos, la negligencia y el abuso a los niños es el primer problema de salud pública en la actualidad, según estudios de la Universidad de Boston, desarrollados por el profesor Bessel Van der Kolk y citados por el doctor Maté.

En lo personal, oír a Gabor Maté me tocó muchas fibras. Me hizo mirar de frente las numerosas veces en que el estrés me gana y la presencia ante mi hijo sufre las consecuencias. ¿Qué pasa entonces? Mi niño se pone irritable, me demanda atención y, sin duda, sufrimos ambos. No estoy emocionalmente dispuesta ni para mí ni para él. Si hay algo que me ha dolido en la maternidad ha sido que pese a ser la época más hermosa y poderosa de mi vida, la más transformadora, las condiciones del exterior muchas veces no han sido las más afortunadas: la angustia y el miedo me han atrapado sin remedio y he tenido que echar mano a una fuerza que solo atribuyo al amor para mantenerme en pie, para sonreír ante la adversidad, para enfocarme en lo importante y para agradecer por el privilegio de estar vivos y de no dejarnos arrastrar por el pesimismo. Solo ahí veo todo lo que suma en mi vida: tengo un niño alegre y sano al que he podido criar 24/7, me he rodeado de mujeres maravillosas que hace muchos años laten al compás de mi corazón, que me tienen en sus oraciones, que me sostienen emocionalmente, que me han hecho confiar en mis recursos y en mí misma. Y a ellas se han sumado las historias, la presencia y la valía de otras mujeres que me han marcado la ruta, que me hacen apostarle cada día al espíritu de colaboración y solidaridad que se construye en femenino. Oír a Gabor Maté me hace tener clarísimo el enorme desafío que supone la crianza, la urgencia de cuidarnos y sanarnos, y la apuesta por un mundo en sintonía que nos acoja y no que nos expulse.

Si quieres ver la entrevista completa, este es el link.

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