Maternidad

Los vecinos

 

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Creo que Valentina, mi vecina, tiene siete años. En realidad, nunca la he visto. He oído su dulce voz de niña un par de veces y eso me hace suponer su edad. Como pronuncia bien cada palabra, sé que no tiene menos. Tal vez más. La otra pista es que sé que va a la escuela.

Solo cuando Valentina no está, su mamá deja de gritar. Si la pequeña está en casa, el vozarrón que brama su nombre traspasa las paredes y retumba en las habitaciones de la mía. A veces, los chillidos me han despertado muy temprano, no importa si es día laborable o fin de semana. Mi vecinita recibe gritos y reprimendas todo el día. ¿Qué hace me pregunto? Nunca he oído que se le caiga algo, nunca ha alzado su voz. Nunca he escuchado su risa, solo su llanto quedo, bajito. ¿O quizás los gritos no dejan oír nada más? ¿Puede haber algo más triste que un niño que no sepa reír? Sigue leyendo “Los vecinos”

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Maternidad, Montessori

Con Montessori aprendí 2/2

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Los límites no tienen nada que ver con impedir al niño moverse y descubrir…

 

En los últimos años, se habla mucho de las habitaciones Montessori: hay millares de fotografías de espacios hermosamente decorados y pareciera que se requiere un alto presupuesto para adecuar la habitación del bebé al estilo Montessori. Nada menos cierto.

María Montessori recomendó que, en aras de la independencia del niño, los espacios debían darle libertad de movimiento y todo debía estar a su alcance, con los mínimos de seguridad. Así, su habitación, por ejemplo, debe tener una cama al piso (para que si se cae no se lastime); las repisas y el armario abiertos y a su altura para que pueda elegir su ropa, sus juguetes, sus materiales, sus libros, de acuerdo a sus necesidades e intereses; y un espejo grande (de los comunes) para que pueda mirarse.

Así, con todos los espacios: cocina, baño, etc. En ese sentido, se pueden -fácilmente- reciclar muebles para que el bebé los use, invertir lo mínimo en objetos nuevos y preferir aquello que le vaya a durar muchos años, antes que lo que se convierte en basura en pocas semanas.

Los materiales Montessori pueden resultar costosos, sin duda. ¿Por qué? Por sus elementos y la laboriosidad lo son: madera, pinturas no tóxicas, trabajo artesanal. No son productos masivos; a veces, es difícil encontrarlos. La educación también suele ser cara y, casi siempre, privada. Pocos países tienen colegios públicos que aplican el método.

Pero, si seguimos los postulados, siempre encontraremos opciones caseras, podemos aplicar el método como nuestra guía de crianza y elegir lo indispensable. Además, todo se relativiza cuando recordamos que lo más importante es el trabajo espiritual del guía. Los niños necesitan actuar en su ambiente con libertad y confianza: usar la vajilla de los adultos, aprender a manejar la cocina y a cuidar el ambiente, saber cómo manipular los objetos que los rodean. Bajo esa perspectiva, no hay mucho nuevo que comprar.

Eso también aprendí de Montessori: los niños necesitan muy pocos juguetes y mucha más interacción en el ambiente existente.

Hablar del método Montessori me puede llevar horas y horas de explicaciones, de atención a los detalles. Con Montessori, sin duda, se aprende a cultivar la paciencia y a tener el corazón abierto.

Seguir al niño, asistirlo en sus necesidades más íntimas, comprender su lenguaje cuando aún no puede hablar, entender lo que su ser quiere transmitir puede ser, a veces, confuso. ¿Qué hacer? Nada mejor que estar listo a saber lo que se puede esperar, a conocer y reconocer cada etapa de desarrollo, cada reto que supone una edad determinada.

No podemos olvidar que los niños así como necesitan amor también necesitan límites, pero no aquellos que recurren al castigo, la amenaza o el chantaje. No, los límites se ponen de manera silenciosa, respetuosa y firme. Los límites tampoco se basan en nuestros miedos. Es un camino que se construye comprendiendo lo que nuestro hijo espera, lo que necesita para fortalecer su espíritu, pero también estableciendo una comunicación adecuada y entendiendo que todo depende de su edad. Amor y límites son fundamentales.

En los niños, todo influye, todo importa. Hay que estar siempre atentos a los contextos y a las señales. Los niños nos dicen -a su manera y con los recursos que tienen a mano- lo que les sucede y lo que necesitan. No existe para ellos felicidad más grande cuando -finalmente- alguien los entiende. Y eso vale también para la puesta de límites no solo para la demostración de amor. Muchísimas veces los niños nos piden que les demos esa pauta.

Poner límites no supone enojarnos. Nos olvidamos fácilmente que ellos están aprendiendo todo el tiempo, y como son cuestiones que como adultos tenemos dominadas, la paciencia nos es esquiva. Debemos recordar que son niños, que son pequeños, que no lo saben todo. Pero también debemos aceptar que su inteligencia es sorprendente, que al verlos tan increíblemente capaces de aprender rápido, comenzamos a demandar de ellos cada vez más y más precisión. Pero, como ya lo dije, son niños, son pequeños, están aprendiendo. Y, en este proceso, necesitan la mejor versión de nosotros.

Si pudiera resumir estas cinco entregas, puedo afirmar que Montessori me ha enseñado a confiar en los niños y en su inmensa sabiduría. Ellos saben, siempre saben.

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Maternidad

Con Montessori aprendí…

Foto tomada por mi hijo mientras yo meditaba.

 

En las últimas semanas, a propósito del inicio de los talleres en línea que dicto periódicamente, escribí una serie de cinco publicaciones que quiero compartir acá también: los aprendizajes que he tenido en la crianza, gracias al método Montessori. Lo haré en dos entregas. Sigue leyendo “Con Montessori aprendí…”

Maternidad

El viaje de la madre

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Imagen tomada de Siri Prem.

Hace seis años no podía ser madre. Llevaba algún tiempo intentándolo, deseándolo, anhelándolo. Cuando me preguntaban por qué quería ser madre, mi respuesta era siempre la misma: es un proceso que quiero vivir, una responsabilidad que quiero tomar. Muchas cosas pasaron: exámenes que demostraban que no había ningún problema físico, una inseminación que no funcionó, una relación que naufragaba. Y, entonces, decidí ir un poco más allá: preguntarme por mis bloqueos y miedos, recuperar mi historia personal. Sigue leyendo “El viaje de la madre”

Maternidad

Respuesta emocional

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Los bebés lo perciben todo. Igual los niños. Y también nosotros, los adultos. A veces lo llamamos intuición, pero -en definitiva- se trata de una lectura al registro o a la respuesta que obtenemos del otro.  Nosotros partimos ya de muchas interpretaciones, lo cruzamos con nuestras experiencias y criterios. Pero a los niños, a los bebés, entender nuestras actitudes les puede causar dificultad y sufrimiento. Sigue leyendo “Respuesta emocional”

Maternidad, Montessori

¿Por qué no vemos televisión? (2)

 

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El acceso restringido a las pantallas ha cambiado conforme mi hijo ha crecido. Hasta el año, por ejemplo, el contacto fue casi nulo. No había televisión ni videos, mi teléfono estaba siempre silenciado (hasta ahora) y fue la norma para quienes nos visitaban (aún ahora la mantienen; se acostumbraron). ¿Cuál era el contacto? El inevitable: sabía que le tomaba fotos o lo filmaba y le gustaba verse. Filmarlo fue una buena opción para que se dejara cortar las uñas, por ejemplo. Tengo cientos de videos que muestran esa rutina. Él se veía en la pantalla y jugaba conmigo a darme y quitarme los dedos de su mano. Sigue leyendo “¿Por qué no vemos televisión? (2)”

Maternidad, Montessori

¿Por qué no vemos televisión?

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Cuando mi hijo llegó a casa, la televisión salió de ella. Ahora, casi cuatro años después, seguimos igual. Las razones son varias.

Al principio, durante los primeros días y meses, los bebés necesitan un ambiente tranquilo y apacible, reconocer el día y la noche, acostumbrarse amablemente a su nuevo entorno. Es tentador prender la televisión mientras duermen, pero los destellos de luz que emana la pantalla son demasiado fuertes para sus ojos y también pueden alterar su sueño. Sigue leyendo “¿Por qué no vemos televisión?”

Maternidad

No puedo aceptar ese trabajo

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Hace unas semanas, me escribió una querida amiga en un dilema. Había dicho no al trabajo de sus sueños: justo el área en la que se especializó, en temas que la apasionan y con un salario acorde a la responsabilidad que iba a asumir. Pero dijo que no. ¿Por qué? “Mis hijas aún me necesitan”, me dijo. Estaba triste, cuestionándose si había o no tomado la decisión correcta. O, al menos, la que la hiciera más feliz. Le encanta su trabajo tanto como disfruta de criar a sus niñas. Sigue leyendo “No puedo aceptar ese trabajo”

Maternidad, Montessori

Lo hago por mis hijos…

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Es muy común que justifiquemos nuestras decisiones y elecciones en nuestros hijos. Lo hago por ellos, decimos. Hacerlo por los hijos parece una suerte de disculpa que nos protege de cualquier falla o dedo acusador. Pero, ¿es verdad? ¿Son los hijos el motor de nuestra vida? En realidad, no, no lo creo. Es una frase hecha que la hemos repetido generación tras generación. Sigue leyendo “Lo hago por mis hijos…”

Filosofía Montessori, Lactancia, Maternidad

Adiós a la lactancia

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Tres años siete meses. Más de mil doscientos días. Solo ahora, que comienzo a escribir, siento una mezcla de nostalgia y tristeza. Siempre pensé que lloraría, pero lo hago solo al releer estas líneas. Se atropellan los recuerdos. No puedo dejar de mirar todo lo que la lactancia hizo en nuestras vidas: los cambios, desafíos y rutinas. Las horas de desvelo se mezclan con las de siesta y descanso. Las dificultades del inicio se juntan a la alegría de las cuatro mastitis superadas. Yo amé la lactancia tanto como, ahora, disfruto de su despedida. Sigue leyendo “Adiós a la lactancia”