Maternidad

El principito y más historias

Del libro Hasta el infinito, de Kveta Pacovska.

Tengo muchos recuerdos especiales relacionados con el lenguaje. Por ejemplo, de aquellas veces en las que nos divertíamos pidiéndole al primo de tres años de mi amigo R. que “diga albóndiga” y él decía albón. Porque, claro, entendía diga como conjugación del verbo decir, y como el sonido se repetía, lo omitía. O aquella vez en que C., la hija de mi mejor amiga, descubrió el yo, su yo, todo lo que yo significaba. Esa etapa tan importante, que marca un antes y un después en el desarrollo psíquico del niño, y se evidencia con el uso del yo. Atesoro el instante en que G., mi niño, dijo su primera palabra. También los momentos en que supo cómo usar los tiempos y modos verbales, y aún hoy me gusta mucho escucharlo usar los subjuntivos con exactitud. Ahora que lee y escribe cada vez con más soltura, me derrito de amor con sus cartas y mensajes cariñosos, que llegan envueltos en sobres de colores, con algún dibujo u origami. Y además me deleito con los descubrimientos que hace en su biblioteca (y en la mía).

En sus estantes están sus libros, los que ya ha leído. Pero también hay otros de los cuales no ha abierto aún sus páginas: son libros que alguna vez adquirí para mí con el pretexto de que se los leería algún día al hijo o a la hija que la vida (así lo decía) me enviara, aquellos que compré cuando él era bebé, pero eran para otra edad, y no quería correr el riesgo de que se descatalogaran. De mi biblioteca ya se llevó a su habitación El Diario de Frida Kahlo, quizás seducido por las imágenes, ahora que está en una enorme explosión artística.

Hoy se puso a revisar sus libros y se dio cuenta de que tenía dos ejemplares de El Principito. Se los regalaron cuando nació dos de las personas que más quiero: mi hermana y mi amiga Ana. Su tía le dio una edición especial traducida por Ana María Shua y con las acuarelas originales de Antoine de Saint-Exupéry, publicada cuando el cuento estaba por cumplir 75 años. Ana y su esposo Víctor, a más de un body de Boca Juniors que aún guardo, le enviaron una edición especial con ilustraciones Milo Lockett y la traducción de Diego Muzzio. Si se conoce la obra, se reconocen fácilmente las acuarelas originales. Pero esta tarde, G. encontró la versión de Milo y Diego. Leyó el título, dudó y me preguntó si efectivamente era el mismo Principito. Esa lectura nos espera esta noche.

Mientras, hemos hablado un poco de esos dos libros, del porqué tiene dos ejemplares, de quienes se los regalaron, de lo especial de cada uno, y del valor de su edición… Entonces, se acordó que tenía dibujos del pequeño príncipe, el zorro y la rosa, unos dibujos que había hecho los primeros días de este año escolar. Los buscó y me los mostró. Me contó de los dibujos de sus compañeros y de todo lo que había hecho ese día en su clase de arte. Y luego me dijo que yo era como la rosa. Sonreí. No sé si me lo dijo porque me encuentra a veces distante o caprichosa, o porque es la forma de decirme que su amor es tan grande como el que el príncipe pequeño le tiene a su amadísima flor. Le pregunté y me dejó más incógnitas: “eres así de roja y de suave”, me contestó. Aunque puedo tener espinas, pensé. Pero no lo dije para no arruinar su momento (he ahí un comportamiento suave, atravesado por un pensamiento espina).

Es lindo compartir con él ahora largas historias, búsquedas y preguntas. Vamos ya reconstruyendo momentos vividos, repasamos cuentos, cambiamos finales, alteramos escenas y secuencias, nos divertimos con juegos de palabras… Él halla en las formas de las letras posibilidades artísticas, animado -sin duda- por libros que le muestran todo lo que se puede dibujar a partir de una letra, sus favoritos son Hasta el infinito, de Kveta Pacovska (de este libro se dice que es como abrir un museo y sí, es una explosión de creatividad, formas y colores alucinante) y Juego de letras, de Antonio Rubio y Óscar Villán.

Me gusta verlo tan interesado y feliz. Alimenta mi propia fascinación por el lenguaje. Pero veo también todas las posibilidades que construye: su pasión por el arte y su curiosidad por las palabras, lo han llevado en esta semana a armar un cómic. Así encuentra sus recursos para decir, descubrirse, compartir, aprender, para tantas cosas que irán llegando y acomodándose en ese hermoso jardín que es el alma suya, y la de todo niño, y que yo solo pretendo abonar, cuidar y ver florecer.

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