Maternidad

Uno más uno es tres

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Llevo varias semanas sin escribir, varias semanas cuestionándome si he vivido o tal vez bordeado la depresión posparto. No ahora, antes. O quizás también ahora. Conozco bien la depresión, sé cómo funciona, cómo la puedo camuflar para no verla de frente. El miedo al dolor es poderoso y me hace huir. Llevo semanas sin querer hablar conmigo de este tema porque se me abren heridas evidentes. Llegó el momento. 

Tengo un recuerdo recurrente: me veo esperando a que llegue la noche y a que mi niño de meses de nacido se duerma para poder derrumbarme y llorar la angustia. Me veo con las fuerzas al límite, bañándome en la madrugada porque en otro horario era imposible. Me recuerdo escondiendo la tristeza para que a él no se le borre nunca la sonrisa.

Aún a veces me pregunto por qué en el momento más pleno y feliz de mi vida, vino un tsunami que se llevó todos mis bienes materiales, todos, todos. Justo cuando más los necesitaba porque había terminado mi relación de pareja y tenía que bastarme por mí misma. Ese hecho me empujó a un estado de desconcierto poderoso. En esos recuerdos se sostienen mis estados negros, los más oscuros, aquellos donde veo nada más que mi desesperación y desconsuelo.

Sé también que puedo ver muchos episodios con la objetividad que me permite la distancia. Y, entonces, me doy cuenta de que esa objetividad es la pauta para decirme que no, que no estoy ni estuve deprimida que solo fueron crisis. Cuando recuerdo que mi niño ha sido siempre tan risueño, tan activo y con una salud de hierro, agradezco no estar presa de la nube de la eterna melancolía porque seguro mi hijo me lo hubiese mostrado en su estado de ánimo: se hubiese puesto enfermo como una forma de pedirme a gritos que lo cuide.

También hay momentos en los que me cuestiono la ausencia de un sostén emocional. Históricamente, la fuerte soy yo, la que cuida soy yo, la que tenía una solución para todos los problemas de los demás siempre fui yo. Sí, fui yo. Pero ya no. Ahora estoy en una posición que no me permite más cumplir ese papel. Tuve que aprender a recibir y a agradecer los cuidados, las atenciones y la contención familiar que llegaron con los lenguajes, el estilo y los recursos de cada quien. Yo ya no estaba a cargo. Ceder el control puede desestabilizar pero en el fondo es un gran acto de humildad.

Hay días en que experimento una nostalgia profunda, un duelo. ¿Qué es lo que extraño? ¿Será que me hacen falta los días de estrés laboral? ¿Acaso no me sentía insatisfecha también cuando el trabajo decepcionaba o quería algo más? ¿Será que añoro la profesional que fui porque ahora me asumo más como madre? Honestamente, he tenido mucha suerte. He podido trabajar en lo que quiero, en lo que siempre hice, desde mi casa, con mi hijo, a mi ritmo. Y quienes me contrataron aceptaron que así sea. Pero también, poco a poco, fui descubriendo, entre los talleres que dicto y los juguetes que hago, que la maternidad es el tema que más me convoca, que la vida de las mujeres, sus preguntas, sus dudas, sus retos, sus tristezas, sus conflictos, su voz es lo que más me gusta oír, y es en lo que quiero trabajar para siempre. Los otros temas, aquellos a los que me dediqué antes de ser madre, comienzan de a poco a desembocar en este universo nuevo y fascinante.

¿Y entonces por qué creo que estuve o estoy bordeando la depresión? ¿Cuál es la tristeza? No puedo negar que hubo días en que me ganó el desánimo ¿o solo fue el cansancio? Pero cuando pongo todo en perspectiva, cuando comienzo a cuestionarme, a enfrentar las dos caras de cada suceso, cuando pongo todo en la balanza, no gana el blanco ni el negro, surgen los grises. Uno más uno no es dos, uno más uno es tres. Al mirar los dos lados de mis historias, saco la enseñanza, el tercero, la esperanza, el aprendizaje, el resultado, lo que realmente debo mirar.

Si no lo hubiese perdido todo, estaría probablemente muy cómoda pero no hubiera descubierto nuevos temas que me apasionan. La necesidad nos vuelve creativos y en el proceso aparecen verdades ocultas. Este fue el camino que la vida diseñó para llevarme a mi destino. Los días oscuros me recuerdan que pese al cansancio nunca debo olvidarme de mí, de cuidarme, de mirarme, de atenderme. ¿Qué extraño? Tener el control. Creer que tengo el control. Da miedo asumir que el mundo puede sin nosotros a cargo, que se sigue moviendo y creciendo, que los que ayer nos necesitaban pueden con sus vidas, que en el trabajo encontraron alguien que se haga cargo de nuestras funciones.

Nos enfrentamos a una sensación de inutilidad cuando vemos que debemos velar por nosotras mismas: ya no se trata de ayudar a otros, ahora se trata de hacernos cargo de nuestra vida, de nuestros sueños. Es más fácil sentir que el mundo nos necesita (el trabajo puede ser una gran tapadera) que asumir que nos necesitamos a nosotras mismas (el tiempo de crianza nos sitúa ante esta maravillosa profundidad imponente y misteriosa). El reto más grande es aprender a confiar, dejarse llevar por el flujo de la vida, entregarse. En este instante estoy segura que al ser madres no extrañamos lo que fuimos, nos da miedo experimentar con profunda consciencia que hay algo más poderoso a cargo. Nos da miedo vernos en esencia porque ya no hay nada que estorbe: somos nosotras frente a nosotras, frente a nuestros miedos, anhelos, dudas e inmensas posibilidades. No es el trabajo, no son los hijos. Si aprendemos a viajar a nuestro interior, a oír a ese ser poderoso que habita en nosotras y que nos constituye, nos damos cuenta que somos vastas e infinitas, que lo importante es construir seguridad personal, que las certezas están en la fortaleza emocional y el amor propio, que el sufrimiento es opcional, que somos vida y construimos vida, que nada nos falta, que tenemos lo más importante: a nosotras.

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Recuerda: en septiembre daré un taller en línea sobre método Montessori para madres, padres y cuidadores de bebés de 0-3 años. Toda la información está disponible en: https://kaypachajuguetes.com/talleres/
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5 comentarios en “Uno más uno es tres”

  1. Gracias Andrea. . Describiste exacto lo que sucede.. en mi interior y esa inseguridad que tengo no me deja explicarme a mi misma lo que pasa y poder disfrutar al 100% de lo hermoso de la maternidad.. quisiera que el mundo valorará más el trabajo e las madres. Pienso que ahí está el cambio real hacia algo más positivo como sociedad, pero aún somos muy criticadas.. que afortunada eres e estar encontrando esa ocupación que te permite hacer las 2 cosas.. yo aun sigo en búsqueda con un poco de frustración pero ahí sigo. . Otro gracias por tus palabras de mamá. .

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