Maternidad

Mil días y mil noches

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No sé lo que es ser amamantada. Nunca tomé el pecho materno. O mejor dicho, tomé durante once días nada más. Entonces, el médico, al ver los pezones sangrantes de mi madre, le dijo que no tenía leche y que yo, desesperada, me había alimentado de su sangre. ¿Se puede vivir once días sin comer? Este médico no le echó la culpa de esas heridas a mi frenillo. Según él, no era la causa, aunque ahora sabemos que sí. Mis cuatro mastitis lo certifican y mis treinta meses de lactancia son aval suficiente para demostrar lo contrario.  Sigue leyendo “Mil días y mil noches”

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Maternidad

Cuestión de límites

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Era sábado en la tarde. La luz del sol era intensa y cálida, todo lo que alumbraba se tornaba naranja. Se anunciaba un atardecer de ensueño. Por este lado del mundo, en medio de la vegetación tropical, las caídas de sol suelen ser un deleite para el alma. Esa tarde faltaban unos veinte minutos para que llegara nuestra hora de pasear. Entonces, me comenzó a doler la cabeza. En general, me duele por cansancio y se me pasa con una siesta de diez minutos. Pero era sábado. G. y yo estábamos solos. No había posibilidades de hacer una siesta. Mi hijo jugaba en el patio y le dije: “voy a buscar arriba una pastilla para el dolor de cabeza”. No me regresó ni a ver. Subí, busqué las píldoras mientras escuchaba a G. revoloteando por ahí. Me tomé la pastilla, me lavé la cara y, entonces, dejé de escuchar ruidos. ¿Qué está haciendo?, me pregunté. Más silencio. Un minuto sin ruido en un niño de dos años es demasiado. Bajé las escaleras y me encontré con la puerta de la casa abierta. Me asusté, claro, pero en cuanto pisé el umbral, vi a G. subido en su bici, junto a nuestra perra, admirando el jardín de la vecina.  Sigue leyendo “Cuestión de límites”

Maternidad

Una nalgada a tiempo

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No, no voy a escribir a favor de los golpes. Voy a reflexionar sobre lo que esconde esa frase y del daño que hace. Parto por afirmar que enseñar o poner límites con golpes no es educar, es obligar al otro a actuar como uno quiere en base al miedo. Simplemente imagínense a un niño pequeño, la fragilidad de su cuerpo. Miren a ese niño recibiendo la potencia y la furia de un adulto que descarga sobre él hasta cuatro o más veces el peso de su cuerpo. ¿Les parece –por poner lo menos- una relación equilibrada de fuerzas? ¿Qué pasaría si ese niño no fuese un niño sino un adulto igual o más corpulento? Probablemente, el miedo a recibir el golpe de regreso nos detendría.  Sigue leyendo “Una nalgada a tiempo”

Maternidad

Un momento a solas

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Cuando mi hijo era un bebé pequeño hubo muchas veces en que pude bañarme recién a la medianoche o a la madrugada. Muchos días en que cambiarme de ropa o comer caliente eran un privilegio. Poco a poco la situación mejoró: mi hijo comenzó a tener un sueño más regular y a ganar cada día más independencia. Además, hemos tenido la suerte de que un duendecito guardián llega todas las mañanas a ordenarnos la casa y, de alguna forma, la vida: nos prepara comida, está pendiente de lo que falta, le encargo pagar algunas facturas o hacer ciertas compras. Sigue leyendo “Un momento a solas”

BLW, Filosofía Montessori, Lactancia, Maternidad, Montessori

Su primera comida

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Hace dos años exactamente, G. comió por primera vez. Aún recuerdo lo emocionada que estaba. Su alimentación fue libre de papillas: seguimos el método Baby Led Weaning (BLW) y recibimos la asesoría de Paola, una amiga nutricionista que nos dio un taller al respecto. El BLW no está reñido en lo absoluto con el método Montessori y después de dos años solo puedo estar agradecida con esta elección: mi hijo disfrutó y disfruta de la comida, prueba de todo, tiene una alimentación sana y balanceada, y se maneja con mucha autonomía en la mesa: usa vaso de vidrio desde el inicio de la alimentación complementaria, utiliza bastante bien los cubiertos (aún está aprendiendo a usar el cuchillo), se sirve sus alimentos y no hemos tenido nunca un mal rato por el tema comida. Esto último lo consideraba fundamental porque no quería que viviese lo que yo en la infancia: la obligación de comer y la imposibilidad de disfrutar de los alimentos. Después de dos años siento que la misión ha sido cumplida. Del primer año de su alimentación guardé un diario y, por pedido de algunas amigas, voy a hacer entradas que resuman mes a mes lo que fue nuestro primer año de alimentos. Sigue leyendo “Su primera comida”

Maternidad

No te quejes, no compares, no compitas

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Tres son los grandes ladrones de energía de las mujeres: quejarse, competir y compararse. Las tres C, por sus iniciales en inglés (complain, compite, compare). Esa es una de las enseñanzas de Kundalini Yoga que más atesoro. Cuando me siento cansada o enojada me doy cuenta de que estoy quejándome, cuando algo me entristece seguro que estoy comparando o comparándome, cuando siento algo de ansiedad casi siempre es porque estoy compitiendo. Las comparaciones no siempre son con otras personas, también se dan hacia situaciones: creemos que estuvimos mejor antes de tal o cual evento, o que estuviésemos mejor si tal o cual cosa pasara; competimos también por tener más de lo que ya tenemos sin recordar lo agotador que resulta mirar hacia un futuro irreal. En general, esas comparaciones, quejas y competencias pasan solo en nuestra cabeza porque cuando estamos enfocadasni competimos, ni nos quejamos, ni comparamos, nos concentramos en el presente y en nosotras mismas. Sigue leyendo “No te quejes, no compares, no compitas”

Maternidad

Ser madre a veces duele

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Duele el parto. Y duele también la cesárea. Duelen los pezones sangrantes. Duelen las noches sin dormir. Duelen las dudas, los reproches, las comparaciones. Duele el cansancio, la falta de tiempo, el cambio de prioridades. Duele sentirse un poco perdida. Duelen las ganas de salir corriendo. Duele quedarse quieta. Duele perder la paciencia. Duele cuando se lastiman. Duele cuando les duele. Duele cuando los extrañas, cuando no los tienes, cuando los pierdes. Duele no entender nada. Duele salir a trabajar o decidir no hacerlo. Duele ver a todo el mundo seguir con sus metas. Duele mirarse al espejo con los kilos de más o los de menos. Duele quejarse, duele quedarse en silencio. Sigue leyendo “Ser madre a veces duele”

Maternidad, Montessori

Las malas madres

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“¿Qué edad tiene? ¿Ya gatea?” “¿Ya camina?” “¿Hasta cuándo le vas a dar el pecho? Ya está grande.” “¡Aún usa pañal! A los dos años ya debería ir solo al baño.” “Habla pero no se le entiende. Tú le traduces todo.” “A los niños se los deja en su cuarto, en su cama, se les dice hasta mañana, se apaga la luz y se cierra la puerta. Tienen que dormir solos cuanto antes.” Esas son las afirmaciones tipo reproche que cualquier madre puede escuchar. Y, entonces, hasta la más segura, ante la avalancha, duda. Para vencer la duda comienza a dar explicaciones como si se justificara. ¿Por qué debemos explicar nuestras decisiones de crianza? Sigue leyendo “Las malas madres”

Maternidad, Montessori

La respuesta a todas las preguntas

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¿Por qué mi hijo no me hace caso? ¿Cómo hago para que coma? ¿Qué técnica uso para que duerma toda la noche? ¿Qué hago para que no se meta papel a la boca, para que no se moje, no se ensucie, para que hable, para que no lance cosas, para que no le jale la cola al gato? La lista de cosas que queremos que hagan o no hagan los niños es larga. La frustración de no lograr nuestro cometido es enorme. Y sí, una y otra vez, se repiten las mismas preguntas resumen: ¿qué estoy haciendo mal? ¿cómo logro que mi hijo haga lo que yo quiero?  Sigue leyendo “La respuesta a todas las preguntas”

Maternidad

Un niño

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A las 14 semanas de embarazo, por la ecografía de rutina, supe que serías un niño. Lloré y lloré. No paré de llorar durante horas. Poco a poco fui poniendo en orden mis emociones. ¡Un niño! ¡En mi vientre crecías tú y eras un niño! Sonreí y enfrenté los temores.

Me sentí intimidada por el reto de criar un niño en un contexto tan sexista y violento. En cada esquina se vende lo que sea casi siempre acompañado de la imagen de una mujer. El mensaje no deja dudas: el cuerpo femenino es un objeto que se puede comprar como si fuese una hamburguesa. El deseo masculino se equipara al hambre que debe ser saciada.  Sigue leyendo “Un niño”