Maternidad, Montessori

¿Por qué no vemos televisión? (2)

 

old-tv-1149416_1920

 

El acceso restringido a las pantallas ha cambiado conforme mi hijo ha crecido. Hasta el año, por ejemplo, el contacto fue casi nulo. No había televisión ni videos, mi teléfono estaba siempre silenciado (hasta ahora) y fue la norma para quienes nos visitaban (aún ahora la mantienen; se acostumbraron). ¿Cuál era el contacto? El inevitable: sabía que le tomaba fotos o lo filmaba y le gustaba verse. Filmarlo fue una buena opción para que se dejara cortar las uñas, por ejemplo. Tengo cientos de videos que muestran esa rutina. Él se veía en la pantalla y jugaba conmigo a darme y quitarme los dedos de su mano.

Hasta el segundo año, el contacto aumentó por dos razones: le gustaba ver el archivo fotográfico y los videos documentales me servían para responder algunas de sus preguntas ¿qué es un chelo?, ¿dónde viven las ballenas? (aunque conocía el mar no podía ver lo que pasaba dentro), ¿cómo hacen los camellos? (aún recuerdo que se lo pregunté a Siri y a mi hijo le llevó tres segundos darse cuenta cómo funcionaba el sistema y comenzó a hacerle la misma pregunta cada cierto tiempo). Pero un día llegó a la escuela y alguien le presentó los videos musicales. La situación se volvió compleja porque le llamaron profundamente la atención y me tocó tomar medidas: a más de poner la queja en la escuela, tuve que marcarle tiempo y horarios.

Un niño sin televisión es inmune al merchandising. Solemos ir al supermercado y me ayuda a recordar lo que debemos comprar, si tiene ganas de alguna fruta, puedo pedirle que espere o, si es mucho el antojo, se la compro, pero responde bien cuando le digo: “en la casa hay”, o “luego las compramos en el mercado”. A sus pedidos se sumaron, por influencia de sus compañeros en la escuela, las ganas de tomar leche chocolatada o yogur de mora. No ubica casi nada porque no tiene acceso a la publicidad. Cuando pasamos por la juguetería (le gusta ir a curiosear) pasa lo mismo. Pero sí hay algo especial: los autos y camiones. Siempre le gustaron y, poco a poco, fue armando su flota: una volqueta, una grúa, una retroexcavadora, el camión de bomberos, el recolector de basura… Ubicaba cada uno con sus detalles y son, definitivamente, sus juguetes favoritos. Con la influencia de la película Cars (es un fan declarado) y el descubrimiento de que había una sección dedicada a los personajes, comenzó a armar la colección. ¿Por qué no he tenido reparos? Porque forma parte de un interés anterior, es algo que realmente disfruta y ha podido asumir la paciencia de no tenerlos todos al mismo tiempo. Sin embargo, no hay que ser ingenuos: no queda duda de que el plan Disney estuvo muy bien armado y no tuvimos escapatoria. Lo único que he podido hacer es poner límites, fomentar la paciencia, dosificar y dar a elegir: hay días en que mira, pero no se compra nada; otros en los que se compra uno o una pareja (hay algunos que vienen juntos en el mismo estuche); y se ha convertirlo en un regalo solicitado.

Sin duda, la publicidad se dirige a los niños no solo en los productos que ellos usan, sino también en los que pueden influir: se trata de que ubiquen marcas, logos, eslóganes y que se vayan construyendo como consumidores. Pero también la influencia de las imágenes y de su narrativa va definiendo la forma de contar, los gustos y la preferencia estética.

Durante el último año, llevé adelante un taller de lectura con niños de ocho a doce años. De ese ejercicio, aprendí y reafirmé varias cosas: los niños ya tienen una idea del suspenso, comienzan a adivinar o a prevenir finales muy obvios porque se han topado una y otra vez ante ese tipo de soluciones: el triunfo del bien sobre el mal, la repetición de los conflictos, etc. Pero siempre hay posibilidades de abrir su mundo. Recuerdo, por ejemplo, cuando les leí, unos cuentos populares iraníes: se mostraron seguros de lo que iba a pasar, pero se sorprendieron ante el desenlace: no era el titiritero quien manejaba los títeres, si no ellos quienes influían en las decisiones del hombre. La moraleja final los invitaba a pensar si ellos eran títeres o titiriteros. Nada parecido a lo que habían oído antes. Hubo mucho pensamiento silencioso y conclusiones profundas.

De igual manera, al principio, pesaban sus criterios de la estética gráfica: les parecían feas o incomprensibles las ilustraciones que no eran realistas (a lo Disney). Pero, con el tiempo, fueran entendiendo la belleza que habita en la composición, la simpleza del trazo, y todo lo que supone una apuesta estética. Muy pronto, lo disfrutaron y se dieron cuenta de que el excesivo realismo les quitaba capacidad imaginativa y de creación.

Y, entonces, ¿qué hacer con la televisión? Varias cosas:

  • Poner horarios, sin duda: los niños pequeños necesitan límites y, con la televisión, son importantes.
  • Preferir el cine o las películas en casa, a las series y los videos, porque tienen una apertura y cierre.
  • Abrir sus intereses: hay bellísimas películas de origen europeo o asiático que tienen otras apuestas gráficas y narrativas. No podemos olvidarnos de los libros ni de todo lo que nos ofrecen las diferentes artes.
  • Acompañar, saber lo que miran, ver con ellos, explicar y conversar de lo que ven.
  • La televisión no puede ser la única o la gran experiencia de entretenimiento o concentración de los niños: es importante aprender, descubrir, pasear, jugar.

¿Y si no tengo alternativa? ¿Si necesito que esté concentrado en una actividad mientras yo me dedico a otra durante un momento? La opción más importante es darles una actividad: los niños siempre están dispuestos a ayudar, darles tareas los mantiene ocupados y concentrados; puede ser doblar ropa, pedirles que les pasen un par de zapatos, que laven o limpien algo, que separen las frutas en diversas canastas. Conforme crecen, les podemos pedir que pinten, lean, escriban, tomen fotos, llamen a alguien, pongan música, armen una torre gigante o construyan un puente con sus bloques o sus legos. Si a los niños les enseñamos a ocupar su tiempo en el juego y la actividad, y no en la inercia de la tele, siempre van a encontrar qué hacer. Y, finalmente, aburrirse también es importante.

La primera parte de esta entrada la encuentras aquí.

Gracias por suscribirte, seguirme en redes, compartir, comentar y darle me gusta. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s