Maternidad, Montessori

Con Montessori aprendí 2/2

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Los límites no tienen nada que ver con impedir al niño moverse y descubrir…

 

En los últimos años, se habla mucho de las habitaciones Montessori: hay millares de fotografías de espacios hermosamente decorados y pareciera que se requiere un alto presupuesto para adecuar la habitación del bebé al estilo Montessori. Nada menos cierto.

María Montessori recomendó que, en aras de la independencia del niño, los espacios debían darle libertad de movimiento y todo debía estar a su alcance, con los mínimos de seguridad. Así, su habitación, por ejemplo, debe tener una cama al piso (para que si se cae no se lastime); las repisas y el armario abiertos y a su altura para que pueda elegir su ropa, sus juguetes, sus materiales, sus libros, de acuerdo a sus necesidades e intereses; y un espejo grande (de los comunes) para que pueda mirarse.

Así, con todos los espacios: cocina, baño, etc. En ese sentido, se pueden -fácilmente- reciclar muebles para que el bebé los use, invertir lo mínimo en objetos nuevos y preferir aquello que le vaya a durar muchos años, antes que lo que se convierte en basura en pocas semanas.

Los materiales Montessori pueden resultar costosos, sin duda. ¿Por qué? Por sus elementos y la laboriosidad lo son: madera, pinturas no tóxicas, trabajo artesanal. No son productos masivos; a veces, es difícil encontrarlos. La educación también suele ser cara y, casi siempre, privada. Pocos países tienen colegios públicos que aplican el método.

Pero, si seguimos los postulados, siempre encontraremos opciones caseras, podemos aplicar el método como nuestra guía de crianza y elegir lo indispensable. Además, todo se relativiza cuando recordamos que lo más importante es el trabajo espiritual del guía. Los niños necesitan actuar en su ambiente con libertad y confianza: usar la vajilla de los adultos, aprender a manejar la cocina y a cuidar el ambiente, saber cómo manipular los objetos que los rodean. Bajo esa perspectiva, no hay mucho nuevo que comprar.

Eso también aprendí de Montessori: los niños necesitan muy pocos juguetes y mucha más interacción en el ambiente existente.

Hablar del método Montessori me puede llevar horas y horas de explicaciones, de atención a los detalles. Con Montessori, sin duda, se aprende a cultivar la paciencia y a tener el corazón abierto.

Seguir al niño, asistirlo en sus necesidades más íntimas, comprender su lenguaje cuando aún no puede hablar, entender lo que su ser quiere transmitir puede ser, a veces, confuso. ¿Qué hacer? Nada mejor que estar listo a saber lo que se puede esperar, a conocer y reconocer cada etapa de desarrollo, cada reto que supone una edad determinada.

No podemos olvidar que los niños así como necesitan amor también necesitan límites, pero no aquellos que recurren al castigo, la amenaza o el chantaje. No, los límites se ponen de manera silenciosa, respetuosa y firme. Los límites tampoco se basan en nuestros miedos. Es un camino que se construye comprendiendo lo que nuestro hijo espera, lo que necesita para fortalecer su espíritu, pero también estableciendo una comunicación adecuada y entendiendo que todo depende de su edad. Amor y límites son fundamentales.

En los niños, todo influye, todo importa. Hay que estar siempre atentos a los contextos y a las señales. Los niños nos dicen -a su manera y con los recursos que tienen a mano- lo que les sucede y lo que necesitan. No existe para ellos felicidad más grande cuando -finalmente- alguien los entiende. Y eso vale también para la puesta de límites no solo para la demostración de amor. Muchísimas veces los niños nos piden que les demos esa pauta.

Poner límites no supone enojarnos. Nos olvidamos fácilmente que ellos están aprendiendo todo el tiempo, y como son cuestiones que como adultos tenemos dominadas, la paciencia nos es esquiva. Debemos recordar que son niños, que son pequeños, que no lo saben todo. Pero también debemos aceptar que su inteligencia es sorprendente, que al verlos tan increíblemente capaces de aprender rápido, comenzamos a demandar de ellos cada vez más y más precisión. Pero, como ya lo dije, son niños, son pequeños, están aprendiendo. Y, en este proceso, necesitan la mejor versión de nosotros.

Si pudiera resumir estas cinco entregas, puedo afirmar que Montessori me ha enseñado a confiar en los niños y en su inmensa sabiduría. Ellos saben, siempre saben.

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Maternidad, Montessori

¿Por qué no vemos televisión? (2)

 

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El acceso restringido a las pantallas ha cambiado conforme mi hijo ha crecido. Hasta el año, por ejemplo, el contacto fue casi nulo. No había televisión ni videos, mi teléfono estaba siempre silenciado (hasta ahora) y fue la norma para quienes nos visitaban (aún ahora la mantienen; se acostumbraron). ¿Cuál era el contacto? El inevitable: sabía que le tomaba fotos o lo filmaba y le gustaba verse. Filmarlo fue una buena opción para que se dejara cortar las uñas, por ejemplo. Tengo cientos de videos que muestran esa rutina. Él se veía en la pantalla y jugaba conmigo a darme y quitarme los dedos de su mano. Sigue leyendo “¿Por qué no vemos televisión? (2)”

Maternidad, Montessori

¿Por qué no vemos televisión?

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Cuando mi hijo llegó a casa, la televisión salió de ella. Ahora, casi cuatro años después, seguimos igual. Las razones son varias.

Al principio, durante los primeros días y meses, los bebés necesitan un ambiente tranquilo y apacible, reconocer el día y la noche, acostumbrarse amablemente a su nuevo entorno. Es tentador prender la televisión mientras duermen, pero los destellos de luz que emana la pantalla son demasiado fuertes para sus ojos y también pueden alterar su sueño. Sigue leyendo “¿Por qué no vemos televisión?”

Maternidad, Montessori

Lo hago por mis hijos…

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Es muy común que justifiquemos nuestras decisiones y elecciones en nuestros hijos. Lo hago por ellos, decimos. Hacerlo por los hijos parece una suerte de disculpa que nos protege de cualquier falla o dedo acusador. Pero, ¿es verdad? ¿Son los hijos el motor de nuestra vida? En realidad, no, no lo creo. Es una frase hecha que la hemos repetido generación tras generación. Sigue leyendo “Lo hago por mis hijos…”

Filosofía Montessori, Lactancia, Maternidad

Adiós a la lactancia

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Tres años siete meses. Más de mil doscientos días. Solo ahora, que comienzo a escribir, siento una mezcla de nostalgia y tristeza. Siempre pensé que lloraría, pero lo hago solo al releer estas líneas. Se atropellan los recuerdos. No puedo dejar de mirar todo lo que la lactancia hizo en nuestras vidas: los cambios, desafíos y rutinas. Las horas de desvelo se mezclan con las de siesta y descanso. Las dificultades del inicio se juntan a la alegría de las cuatro mastitis superadas. Yo amé la lactancia tanto como, ahora, disfruto de su despedida. Sigue leyendo “Adiós a la lactancia”

Maternidad, Montessori

Tres formas de contar una historia

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Así son ellos

Desde el fin de semana ciertas actitudes (todas en redes sociales) me han puesto de mal humor. He visto a alguien hacer muchas preguntas. Ese alguien ha obtenido respuestas y explicaciones de muchas personas. Sus preguntas básicamente eran: qué hago para. Y las respuestas, de forma amable, se dirigían a que mirara los detalles de la situación, le daban alternativas y sugerían dejar de hacer lo que venía haciendo. Creo que las respuestas no le gustaron porque no hubo ni un solo gracias. A nadie. Y así día de por medio: volvían las preguntas, llegaban las respuestas y en respuesta, solo silencio. Sigue leyendo “Tres formas de contar una historia”

Maternidad, Montessori

Lecciones de paciencia

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Los niños tienen el umbral de la paciencia muy bajito. Se pueden frustrar con rapidez. La frustración los lleva al enfado y entonces reaccionan: lanzan cosas, destruyen lo que que encuentran o lo que habían -hasta entonces- construido, gritan, lloran, sufren. En estado de fuego, solo necesitan agua que los refresque y los lleve a la calma, que los regrese a su ser neutral y les brinde un camino alternativo a la reacción violenta. Los niños necesitan que seamos quienes los contengan y lo hacemos con el ejemplo (evitando reaccionar) y con el acompañamiento (mostrándoles cómo resolverlo emocional y prácticamente). Así aprenden que no todo siempre saldrá bien a la primera, que eso significa aprender: equivocarse y sacar conclusiones para mejorar.  Sigue leyendo “Lecciones de paciencia”

Maternidad, Montessori

Gabor Maté, TDAH, crianza y maternidad

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El fin de semana, mi querida amiga Marycarmen me sugirió oír y leer a Gabor Maté, un médico especializado en el tratamiento de adicciones. Ahora mismo dicta en Hungría un taller junto a Sat Daram Kaur que vincula el Kundalini en el tratamiento de las adicciones. Gabor Maté, además, lleva algunos años transparentando lo que hay detrás del creciente índice de casos de niños con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Oír sus conferencias me movilizó por completo: hace una radiografía del trato a los niños y de sus consecuencias en la sociedad.   Sigue leyendo “Gabor Maté, TDAH, crianza y maternidad”

Maternidad, Montessori

En defensa de los niños

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No hay niños difíciles, agresivos o con carácter fuerte. No hay niños rebeldes ni malcriados. No hay niños malos, groseros o desobedientes. Lo que hay, lo único que hay, son niños luchando por ser niños en un mundo con adultos queriendo un comportamiento específico de ellos. Pero ¿qué pasa cuando un niño rompe todo, grita sin parar y desata su furia? ¿Es falta de límites? ¿Es responsabilidad de los padres?  Sigue leyendo “En defensa de los niños”

Maternidad, Montessori

Y… ¿por qué?

Porqué

 

¿Por qué los aviones vuelan? Porque tienen alas y un motor muy potente que les permite levantarse, llegar al cielo y mantenerse en el aire. ¿Por qué los perros ladran? Porque es su forma de comunicarse. Nosotros hablamos, ellos ladran. ¿Por qué no puedo ver el sol? Porque hay muchas nubes y lo están tapando. ¿Por qué? Porque en esta época del año hace un poco más de frío y hay más nubes ¿Por qué? ¿Por qué hay nubes? Sí, ¿por qué hay nubes? Porque el agua que está en el suelo se evapora y el vapor (como el que sale del agua cuando la hervimos en la cocina) sube al cielo, se acumula y así se forman las nubes. ¡Ah!  Sigue leyendo “Y… ¿por qué?”