Montessori

Habitación Montessori

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Aunque hacemos colecho, G. tiene su habitación desde que nació. Una habitación Montessori que se caracteriza por darle libertad de movimiento y, por ende, independencia. No hay cunas ni camas y todo está a su alcance. La adecuación de los espacios, de acuerdo con la filosofía Montessori, no se reduce solo a la habitación, la casa es la que debe transformarse para incorporar al bebé conforme a cada una de sus necesidades y en consonancia con cada una de sus etapas de desarrollo. Por eso digo que en mi casa siempre estamos en obras. De hecho, la habitación de G. ha cambiado conforme él ha ido creciendo. 

Del nacimiento a los primeros movimientos

Desde que nació y hasta que comenzó a ponerse por sí mismo boca arriba y boca abajo, en la habitación hubo cama. Con la llegada de esos movimientos, la guardamos, pusimos una gran alfombra y, sobre ella, el colchón. Desde siempre, la habitación tuvo el espejo horizontal con barra en donde G. podía ver su cuerpo y el espacio en el que él estaba. El método Montessori no recomienda camas ni cunas no solo por el peligro de caídas sino porque quitan movilidad y visibilidad al bebé.

Del gateo a los primeros pasos

Tener colchones a dos alturas y mucho espacio libre para darle libertad de movimiento permitieron que se deslice por la habitación con facilidad. Muy pronto adquirió gran rapidez al gatear: bajaba y subía de los colchones y escaleras sin problemas, recorría a gatas toda la casa. Las diferentes texturas en el piso le dieron, además, gran información sensorial. Con ayuda de la barra se puso de pie muy rápido y comenzó a hacer sentadillas. El cuerpo sabe lo que necesita, ese ejercicio es básico para fortalecer las piernas que pronto soportarán todo el peso del cuerpo. Apoyándose en la barra, en muebles, paredes y con ayuda de un caminador comenzó a dar sus primeros pasos, siempre descalzo para que supiera manejar el equilibrio y a reconocer las particularidades del terreno que pisa: rugoso, liso, frío, mojado, de hierba o de tierra. Una vez que caminó sin apoyo, el pequeño colchón fue guardado y solo quedó el grande.

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Más espacio

Cada día sus pasos fueron más firmes y comenzó a correr. Cada día sus necesidades fueron creciendo también y se amplió su biblioteca y su material de juegos y aprendizaje. Hubo que incorporar libreros y repisas. Entonces, desaparecimos la habitación de visitas: sacamos los muebles que había ahí para colocar el colchón grande; incorporamos el tipi como rincón de lectura y dejamos ese espacio como la habitación de G. propiamente dicha. Así la tenemos ahora pero en el resto de la casa también ha habido transformaciones. De esos cambios hablaré en otra entrada.

 

 

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Anaquel principal
Diseño sin título (9)
Instrumentos musicales
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Libreros

 

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