Maternidad

Horas libres

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Cuando mi padre tenía 40 años, yo era una quinceañera. De esa época recuerdo que, cada vez que le pedía algo, sacaba unas hojas pequeñitas que guardaba en el bolsillo de su camisa, tomaba una pluma y escribía: Andrea, pan de dulce. Andrea, caja de crayolas. Andrea, libro de historia. Me llamaba tanto la atención que sea lo que yo le pidiera no pudiera memorizarlo, que recurriera siempre a la escritura. Sonreía mientras lo veía tomar sus apuntes. Me alegraba tanto porque si estaba en alguno de sus papelitos, mis deseos estaban a salvo, no había olvido posible. El pan, los lápices o los libros llegaban tal como los quería. Incluso con los detalles que a veces mencionaba solo para ver cómo los anotaba. Andrea, pan de dulce (Colón). Y entonces me traía las trenzas llenas de frutas confitadas de mi pastelería preferida.  Sigue leyendo “Horas libres”

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