
Aunque hacemos colecho, G. tiene su habitación desde que nació. Una habitación Montessori que se caracteriza por darle libertad de movimiento y, por ende, independencia. No hay cunas ni camas y todo está a su alcance. La adecuación de los espacios, de acuerdo con la filosofía Montessori, no se reduce solo a la habitación, la casa es la que debe transformarse para incorporar al bebé conforme a cada una de sus necesidades y en consonancia con cada una de sus etapas de desarrollo. Por eso digo que en mi casa siempre estamos en obras. De hecho, la habitación de G. ha cambiado conforme él ha ido creciendo. Sigue leyendo «Habitación Montessori»




Un día, hace algunos años atrás, Dharma, una de mis maestras de Kundalini Yoga, me dijo que una vez que comenzó con la práctica, le llegaron muchísimos retos y que después de un tiempo lo había perdido todo y lo había ganado todo. Dejó de ser la que era y pasó a ser la que hoy es. Puedo decir lo mismo de mi maternidad. Lo perdí todo, todo, pero también lo he ganado todo.
Quejas y agravios. Muecas y miradas de reproche y desagrado. Prohibición del uso de la refrigeradora o del microondas de la cafetería. Cambios imprevistos de horario. En la mayoría de los casos, las mujeres lactantes se enfrentan a eso y más cuando regresan al trabajo. Hay quienes han recibido memorandos en los que les dicen que extraerse la leche es antihigiénico y, por tanto, queda prohibido. Además, para eso, ya tienen las horas de lactancia. A diario deben enfrentar comentarios despectivos: esos que señalan a las mujeres-madres como poco eficientes, torpes, preocupadas de la cría o la crianza y no de su desempeño laboral.
05:45. Mi niño se mueve. Gorgotea algunas sílabas que no termina de pronunciar. Sus manos encuentran mi pecho, menea la cabeza, abre la boca y comienza a comer. Siento los ojos pesados y mucho sueño.
Estamos prontos a cumplir dos años, veinticuatro meses de lactancia, de vida conjunta fuera del útero, de descubrimiento. La última temporada ha sido francamente agotadora: es una última crisis de crecimiento, la llaman así porque el bebé pide tete como cuando era un recién nacido y necesita mucho apoyo para lidiar con la frustración, que no es más que una expresión de su búsqueda de autonomía y seguridad.
Hay días, como hoy, en que me siento dentro de un túnel: apretujada, a oscuras y sin encontrar nada que me alumbre, con ganas de actuar rápido pero sin posibilidad de moverme. Son los retos cotidianos, el mundo que no se detiene. Nada que tenga que ver directamente contigo. La desesperación se vuelve un poco tristeza cuando te veo a ti sonriente, explorando lo que te encuentras por ahí, como cada día. Y me gustaría dejar de sentir esta angustia por los problemas adultos que -como hoy, llegan uno detrás del otro- para sentarme a jugar contigo, para sonreírte de vuelta sin la carga de la desazón.