
Cada año, los primeros días de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Yo ya no doy teta, pero la di durante tres años y medio. Di teta caminando, dormida, en filas interminables. Di teta en la piscina, en el mar, en la ducha. Di teta mientras mi hijo intentaba pararse de cabeza, jugueteaba con sus pies, hacía todo tipo de posiciones increíbles. Di teta cuando él descubría algo nuevo, para calmar su llanto o atravesar un miedo. Di teta para alimentar, para consolar, para llamar al sueño. Di teta mientras trabajaba, meditaba, leía, comía. Di teta de tantas maneras, en tantas circunstancias y en todas, mi hijo siempre sonreía. Sigue leyendo «La pelea no es entre nosotras»






Un día, hace algunos años atrás, Dharma, una de mis maestras de Kundalini Yoga, me dijo que una vez que comenzó con la práctica, le llegaron muchísimos retos y que después de un tiempo lo había perdido todo y lo había ganado todo. Dejó de ser la que era y pasó a ser la que hoy es. Puedo decir lo mismo de mi maternidad. Lo perdí todo, todo, pero también lo he ganado todo.
Quejas y agravios. Muecas y miradas de reproche y desagrado. Prohibición del uso de la refrigeradora o del microondas de la cafetería. Cambios imprevistos de horario. En la mayoría de los casos, las mujeres lactantes se enfrentan a eso y más cuando regresan al trabajo. Hay quienes han recibido memorandos en los que les dicen que extraerse la leche es antihigiénico y, por tanto, queda prohibido. Además, para eso, ya tienen las horas de lactancia. A diario deben enfrentar comentarios despectivos: esos que señalan a las mujeres-madres como poco eficientes, torpes, preocupadas de la cría o la crianza y no de su desempeño laboral.
Estamos prontos a cumplir dos años, veinticuatro meses de lactancia, de vida conjunta fuera del útero, de descubrimiento. La última temporada ha sido francamente agotadora: es una última crisis de crecimiento, la llaman así porque el bebé pide tete como cuando era un recién nacido y necesita mucho apoyo para lidiar con la frustración, que no es más que una expresión de su búsqueda de autonomía y seguridad.