Maternidad

Los mejores pañales

img_7737No irritan, muchas veces los puedo usar sin ponerle crema a mi hijo y son lindos. Los mejores pañales son los de tela. Optar por ellos fue fácil pero antes de comenzar averigüé sobre capacidad de absorción, lavado, frecuencia de cambio y demás dudas. Llegué a ellos porque cada pañal desechable que ponía en la basura me generaba un gran cargo de conciencia. Cada día estamos más alineados en la defensa ambiental: es raro encontrar alguien que arroje sin más desperdicios a la calle, por ejemplo. Nos preocupa la contaminación, cuidamos el agua, apagamos las luces. Hay quienes vamos un poco más allá: nos movilizamos a pie o en bici, separamos la basura, hacemos compost, preferimos alimentos orgánicos, optamos por comprar productos con sello verde, reutilizamos plásticos y papeles, evitamos el desperdicio. Y, por supuesto, hay quienes también tienen un compromiso vegano que guía su vida. Sabiendo que los pañales se demoran cientos de años en descomponerse, cada vez que cambiaba a G. de pañal pensaba en esa inmensa bola de basura en la que podía terminar convertido el tercer planeta. Si no lo hice desde el inicio fue porque tenía otras tareas que afianzar: la lactancia, por ejemplo.  Sigue leyendo «Los mejores pañales»

Maternidad

Matrioskas

wave-320755_1280Cuando crees que te las sabes todas, no sabes nada. La maternidad, como la vida, es un aprendizaje continuo. Cuando triunfas en la batalla por el cambio de pañal o encuentras la crema perfecta contra la escaldadura o al fin sabes lo que significa un balbuceo específico, aparece algo nuevo y ni siquiera sabes que es nuevo. Basta con traducir mal un llanto. Y tras el error, viene la culpa.

Hace poco G. tuvo laringitis y después de cinco días de fiebre, en el momento en que protestaba porque intentaba darle su medicina (que hasta entonces se la había tomado perfectamente) vi en su boca una enorme llaga, un afta, un fuego bucal, una úlcera bastante grande para su pequeña boca. Consecuencia de la fiebre, me dije. Era de noche, estaba por dormirse y ya no podía hacer mucho pero tampoco sabía qué hacer.

Sigue leyendo «Matrioskas»

BLW

¿Por qué sin papillas?

happy-1196986_1920BLW, alimentación complementaria libre de papillas, guiada por el bebé o a demanda, se resume en una gran imagen: un bebé feliz, agarrando la comida por sí mismo, con sus manos, sin cucharas. Un bebé que disfruta de la comida.

¿Por qué lo elegí?

Con las papillas aprenden a tragar primero antes que a masticar y de ahí surgen muchos problemas posteriores: se ha comprobado que los niños no quieren comer porque no saben masticar y no saben masticar porque se les ha enseñado a comer papillas, purés y jugos. Los niños que aprenden a masticar primero, tienen más cuidado y no se tragan cosas pequeñas: se las meten a la boca, juegan con ellas pero al ver que no las pueden masticar, las botan. No necesitan dientes para masticar, para eso usan sus encías. Sigue leyendo «¿Por qué sin papillas?»

BLW

BLW. Aprendiendo a comer solo

avocado-1476493_1920Cuando era niña, la hora de comer podía ser una pesadilla. Me dolía masticar, no me gustaban las espinas del pescado, el pollo me olía fatal, a las verduras no les encontraba la gracia pero amaba los cebiches, los choclos, el puré de papas, la carne apanada, los cangrejos, el maduro y todas las frutas menos el melón y la toronja. Pasada la niñez, las verduras comenzaron a gustarme cada vez más. Con los años me convertí en vegetariana. Volví a comer carnes (de res, pollo y pescado) durante el embarazo. Puedo decir sin dudas que disfruto de la comida sana y nutritiva, que me encanta cocinar porque me resulta creativo, relajado… un acto de amor.

Para G., su papá y yo queríamos lo mismo: que la hora de comer sea un momento gozoso y no tortuoso. Creo que todos de nuestra niñez guardamos algún recuerdo de malos momentos en la mesa: la exigencia de comer lo que no nos gustaba, los llantos, las amenazas o las quejas recurrentes sobre lo poco o nada que comíamos. Para G. sabíamos lo que queríamos pero no teníamos idea cómo hacerlo. Sigue leyendo «BLW. Aprendiendo a comer solo»

Lactancia, Maternidad

Sí, los bebés pasan colgados al pecho

IMG_7425-Edit¿Será que tienes suficiente leche? Pasa colgado del pecho, seguro tu leche no lo llena. Mira, se despierta a cada rato, es porque tiene hambre. Tus pechos son pequeños no pueden producir lo que tu bebé requiere. Tienes los pezones pequeños, planos, hundidos, invertidos no sale la leche. Tómate agua de xyz y colada jkl para que tengas más leche. No te destapes que se seca la leche. No te bañes en agua fría que se corta la leche. Está flaco, tu leche es pura agua.

Quienes amamantamos oímos ese tipo de frases y más. Aunque ninguna de ellas es cierta, oírlas nos afecta, nos pone inseguras, nos hace dudar de nosotras porque los primeros meses de vida del bebé vivimos un periodo de mucha vulnerabilidad. Las madres no queremos oír cuestionamientos sobre nuestra leche, necesitamos calma, silencio, descanso, respaldo. El apoyo a la lactancia es fundamental para que esta se consolide. El apoyo viene de muchas formas: pasear al bebé mientras nos tomamos una siesta de diez minutos (¡sí, diez minutos hacen la diferencia!) o nos damos una ducha, comemos algo caliente o fresco, damos un corto paseo, leemos algo, llamamos a una amiga o escribimos un mail. El apoyo no necesita dudas, necesita aliento. Sigue leyendo «Sí, los bebés pasan colgados al pecho»

Lactancia, Maternidad

La leche materna es un regalo para toda la vida

13907087_10154444702078223_924454699634402349_nQue es pura agua, que no es suficiente, que duele, que no todas pueden…  ¡Circulan tantos mitos sobre la lactancia y la leche materna! Y, a propósito de la semana de la lactancia, se publicó un artículo bastante controversial en el que un pediatra y una psicóloga afirmaban que la lactancia prolongada no era beneficiosa para los niños. Mi experiencia, mis lecturas y conversaciones, el círculo médico y de apoyo que me ha acompañado durante estos -pronto- trece meses de lactancia opinan algo totalmente distinto. Con sus voces pude escribir este artículo que fue publicado en diario El Telégrafo ayer. Se los dejo aquí.

Gracias por suscribirte, seguirnos en redes, compartir, comentar y darle me gusta. 

 

Montessori, Tienda

Juguetes Kaypacha

IMG_9765-Editar

Cuando G. cumplió seis meses comencé a cuestionarme sobre los juguetes que quería que acompañen su infancia. A los dos meses le compramos un gimnasio con animalitos del bosque que se acoplaron bien a su habitación Montessori. Sigue leyendo «Juguetes Kaypacha»

Lactancia

Mastitis

mother-2605133_1920Una llega a la maternidad convencida de que se acercan días de juegos, mimos y descanso. Hay juegos, hay mimos pero no hay descanso. En su lugar hay muchísimas lecciones por aprender, muchos mitos por derrumbar y mucha confianza por construir.

Mi madre no me dio el pecho ni a mí ni a mis hermanos. Le dijeron (ahora creo que se convenció de) que no tenía leche. La ausencia de ese vínculo siempre me generó inquietudes y cuestionamientos por eso -pero también porque sé que no hay mejor alimento- no iba a permitir que nada interrumpiera la lactancia ni que nadie me hiciera dudar de mi producción láctea.

Cuando G. cumplió tres meses, yo ya había tenido cuatro mastitis. Sí, cuatro. Después de la cuarta, no tuve ni una sola inflamación más porque entendí la causa de cada una.  Sigue leyendo «Mastitis»

Maternidad

10 días

foot-1375670_960_720

Me siento en una burbuja. Viviendo una experiencia que –estoy convencida- nadie más que yo entiende. O, mejor dicho, que estoy buscando entender. No puede ser de otra forma: es profunda, poderosa, definitiva. Mi maternidad es un proceso íntimo, en el que me observo cada segundo. Y te observo. Siento que somos uno porque tú en mis brazos te fundes en mi cuerpo. Siento que somos uno porque todo lo que bebo, ingiero, respiro, huelo, siento, todo, te transfiero a ti aunque ya no estés dentro mío. Eres el agua, el viento, el alimento. Y estoy consciente de ello.

Sigue leyendo «10 días»

Maternidad

Como las olas del mar

ocean-wave-1149174_1920

El inicio

Tenía treinta semanas de embarazo. Varias personas nos habían hablado de la clínica así que fuimos a conocerla. Subimos por un pasillo adornado por fotos de bebés y se me hizo un nudo en la garganta. ¿Y esta emoción? ¿Quieres nacer aquí?, le pregunté a la panza. El nudo casi se convierte en lágrimas.

Recorrimos las instalaciones. Las salas de parto me parecieron cálidas, un lindo lugar para nacer. Comprobé que tendría un parto respetuoso, humano, sin uso de fármacos ni intervenciones innecesarias, que nadie me alejaría ni un segundo de mi bebé recién nacido. Ese fue el lugar elegido. Diego (el obstetra) respondía cada miedo con positivismo. Desde entonces, nos vimos cada quince días y pronto, cada semana. Las citas médicas estaban rodeadas de alegría. Mi niño crecía y crecía. Completó su formación en la semana 36 y podía nacer en cualquier momento. Sigue leyendo «Como las olas del mar»