Lactancia, Maternidad, Montessori

24 razones

WhatsApp Image 2017-07-29 at 19.33.55Un día, hace algunos años atrás, Dharma, una de mis maestras de Kundalini Yoga, me dijo que una vez que comenzó con la práctica, le llegaron muchísimos retos y que después de un tiempo lo había perdido todo y lo había ganado todo. Dejó de ser la que era y pasó a ser la que hoy es. Puedo decir lo mismo de mi maternidad. Lo perdí todo, todo, pero también lo he ganado todo.

En estos veinticuatro meses perdí un departamento (aún sigo con el juicio a cuestas), renuncié a años de cátedra universitaria, dejé de lado ofertas laborales y opté por trabajos esporádicos en casa, terminé con mi relación de pareja, perdí un negocio y otro más, aparqué durante meses el trabajo doctoral al que me debía, cerré la granja de mis sueños y le puse el letrero de “se vende”. Dejé la ciudad en la que vivía, vendí mi carro y guardé en cajones lo que había construido durante años para dedicarme a ser mamá. Todo lo anterior me hubiera condenado a la tristeza absoluta sino fuese por la maternidad: con ella gané lo que de ninguna otra manera hubiese conseguido, me llevó a un viaje interior sin retorno.  Sigue leyendo «24 razones»

Maternidad

Estampa cotidiana

FullSizeRender (1)05:45. Mi niño se mueve. Gorgotea algunas sílabas que no termina de pronunciar. Sus manos encuentran mi pecho, menea la cabeza, abre la boca y comienza a comer. Siento los ojos pesados y mucho sueño.

06:05. Ya estoy más despierta que dormida. Entreabro los ojos y me encuentro con la mirada y la sonrisa de G. “Hola mami”, dice con el pecho aún en la boca. Sigue comiendo. “Hola amor”, le digo. Sonrío, suspiro profundo y cierro los ojos. Diez minutos después mi pequeño salta como un resorte: descubrió a los gatos durmiendo al pie de la cama. Los llama, va hacia ellos, los acaricia. Al rato se baja de la cama y comienza: “mami, camina”; “mami, agua”; “mami, esto o aquello”. Lo animo a que busque lo que nombra y al rato estoy rodeada de objetos. Me despierto, me pongo de pie, jugamos.  Sigue leyendo «Estampa cotidiana»

Lactancia, Maternidad

Al cien por ciento

banner-1711738_1920Estamos prontos a cumplir dos años, veinticuatro meses de lactancia, de vida conjunta fuera del útero, de descubrimiento. La última temporada ha sido francamente agotadora: es una última crisis de crecimiento, la llaman así porque el bebé pide tete como cuando era un recién nacido y necesita mucho apoyo para lidiar con la frustración, que no es más que una expresión de su búsqueda de autonomía y seguridad.

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Maternidad

Gracias

baby-holding-hand-847820_1920Hay días, como hoy, en que me siento dentro de un túnel: apretujada, a oscuras y sin encontrar nada que me alumbre, con ganas de actuar rápido pero sin posibilidad de moverme. Son los retos cotidianos, el mundo que no se detiene. Nada que tenga que ver directamente contigo. La desesperación se vuelve un poco tristeza cuando te veo a ti sonriente, explorando lo que te encuentras por ahí, como cada día. Y me gustaría dejar de sentir esta angustia por los problemas adultos que -como hoy, llegan uno detrás del otro- para sentarme a jugar contigo, para sonreírte de vuelta sin la carga de la desazón.  Sigue leyendo «Gracias»

Maternidad

Matrioskas

wave-320755_1280Cuando crees que te las sabes todas, no sabes nada. La maternidad, como la vida, es un aprendizaje continuo. Cuando triunfas en la batalla por el cambio de pañal o encuentras la crema perfecta contra la escaldadura o al fin sabes lo que significa un balbuceo específico, aparece algo nuevo y ni siquiera sabes que es nuevo. Basta con traducir mal un llanto. Y tras el error, viene la culpa.

Hace poco G. tuvo laringitis y después de cinco días de fiebre, en el momento en que protestaba porque intentaba darle su medicina (que hasta entonces se la había tomado perfectamente) vi en su boca una enorme llaga, un afta, un fuego bucal, una úlcera bastante grande para su pequeña boca. Consecuencia de la fiebre, me dije. Era de noche, estaba por dormirse y ya no podía hacer mucho pero tampoco sabía qué hacer.

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Lactancia, Maternidad

Sí, los bebés pasan colgados al pecho

IMG_7425-Edit¿Será que tienes suficiente leche? Pasa colgado del pecho, seguro tu leche no lo llena. Mira, se despierta a cada rato, es porque tiene hambre. Tus pechos son pequeños no pueden producir lo que tu bebé requiere. Tienes los pezones pequeños, planos, hundidos, invertidos no sale la leche. Tómate agua de xyz y colada jkl para que tengas más leche. No te destapes que se seca la leche. No te bañes en agua fría que se corta la leche. Está flaco, tu leche es pura agua.

Quienes amamantamos oímos ese tipo de frases y más. Aunque ninguna de ellas es cierta, oírlas nos afecta, nos pone inseguras, nos hace dudar de nosotras porque los primeros meses de vida del bebé vivimos un periodo de mucha vulnerabilidad. Las madres no queremos oír cuestionamientos sobre nuestra leche, necesitamos calma, silencio, descanso, respaldo. El apoyo a la lactancia es fundamental para que esta se consolide. El apoyo viene de muchas formas: pasear al bebé mientras nos tomamos una siesta de diez minutos (¡sí, diez minutos hacen la diferencia!) o nos damos una ducha, comemos algo caliente o fresco, damos un corto paseo, leemos algo, llamamos a una amiga o escribimos un mail. El apoyo no necesita dudas, necesita aliento. Sigue leyendo «Sí, los bebés pasan colgados al pecho»

Lactancia, Maternidad

La leche materna es un regalo para toda la vida

13907087_10154444702078223_924454699634402349_nQue es pura agua, que no es suficiente, que duele, que no todas pueden…  ¡Circulan tantos mitos sobre la lactancia y la leche materna! Y, a propósito de la semana de la lactancia, se publicó un artículo bastante controversial en el que un pediatra y una psicóloga afirmaban que la lactancia prolongada no era beneficiosa para los niños. Mi experiencia, mis lecturas y conversaciones, el círculo médico y de apoyo que me ha acompañado durante estos -pronto- trece meses de lactancia opinan algo totalmente distinto. Con sus voces pude escribir este artículo que fue publicado en diario El Telégrafo ayer. Se los dejo aquí.

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Lactancia

Mastitis

mother-2605133_1920Una llega a la maternidad convencida de que se acercan días de juegos, mimos y descanso. Hay juegos, hay mimos pero no hay descanso. En su lugar hay muchísimas lecciones por aprender, muchos mitos por derrumbar y mucha confianza por construir.

Mi madre no me dio el pecho ni a mí ni a mis hermanos. Le dijeron (ahora creo que se convenció de) que no tenía leche. La ausencia de ese vínculo siempre me generó inquietudes y cuestionamientos por eso -pero también porque sé que no hay mejor alimento- no iba a permitir que nada interrumpiera la lactancia ni que nadie me hiciera dudar de mi producción láctea.

Cuando G. cumplió tres meses, yo ya había tenido cuatro mastitis. Sí, cuatro. Después de la cuarta, no tuve ni una sola inflamación más porque entendí la causa de cada una.  Sigue leyendo «Mastitis»

Maternidad

10 días

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Me siento en una burbuja. Viviendo una experiencia que –estoy convencida- nadie más que yo entiende. O, mejor dicho, que estoy buscando entender. No puede ser de otra forma: es profunda, poderosa, definitiva. Mi maternidad es un proceso íntimo, en el que me observo cada segundo. Y te observo. Siento que somos uno porque tú en mis brazos te fundes en mi cuerpo. Siento que somos uno porque todo lo que bebo, ingiero, respiro, huelo, siento, todo, te transfiero a ti aunque ya no estés dentro mío. Eres el agua, el viento, el alimento. Y estoy consciente de ello.

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Maternidad

Como las olas del mar

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El inicio

Tenía treinta semanas de embarazo. Varias personas nos habían hablado de la clínica así que fuimos a conocerla. Subimos por un pasillo adornado por fotos de bebés y se me hizo un nudo en la garganta. ¿Y esta emoción? ¿Quieres nacer aquí?, le pregunté a la panza. El nudo casi se convierte en lágrimas.

Recorrimos las instalaciones. Las salas de parto me parecieron cálidas, un lindo lugar para nacer. Comprobé que tendría un parto respetuoso, humano, sin uso de fármacos ni intervenciones innecesarias, que nadie me alejaría ni un segundo de mi bebé recién nacido. Ese fue el lugar elegido. Diego (el obstetra) respondía cada miedo con positivismo. Desde entonces, nos vimos cada quince días y pronto, cada semana. Las citas médicas estaban rodeadas de alegría. Mi niño crecía y crecía. Completó su formación en la semana 36 y podía nacer en cualquier momento. Sigue leyendo «Como las olas del mar»