Maternidad

Calcetines diferentes

Untitled design (2)
El 21 de marzo se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down. Llevamos calcetines dispares para recordar que todos somos diferentes.

Cuando una se inaugura como madre no sabe lo que le espera. Nos damos cuenta muy pronto de que estamos ante un gran desafío: nos inundan las preguntas sin respuesta, las dudas, las angustias y los miedos. Con el pasar de los días, surfeamos los temores uno a uno, tomamos confianza conforme aprendemos lo más básico (cambiar pañales, sacar gases, cantar nanas) y lo más profundo (descifrar nuestras emociones, que criar es una tarea continua, que debemos moldear nuestro carácter). Nada vuelve a ser igual pero todo puede multiplicarse si la vida te entrega un hijo enfermo, con características o necesidades especiales.  Sigue leyendo «Calcetines diferentes»

Filosofía Montessori, Montessori

El mundo tiene colores

La máxima del método Montessori es sigue al niño. Significa que hay que respetar sus tiempos, la manifestación de su interés por aprender algo. Esa máxima se me ha hecho evidente en muchísimos aspectos motrices pero también sensitivos y cognitivos. Uno de estos fue el aprendizaje de los colores. Sigue leyendo «El mundo tiene colores»

Maternidad

Sin miedo a nada

InaMay

Si una niña me pidiera que le dé un solo consejo, uno de entre tantos posibles, sé el que elegiría. Le diría: si decides ser madre, ten un parto natural, niégate rotundamente a una cirugía. Si llegas a la cesárea que no sea por miedo al dolor o por decisión caprichosa de un médico. Con o sin operación, que se haga siempre tu voluntad, que nadie te maltrate, que te entregues al proceso de traer un hijo al mundo sin temores, acompañada y respetada. Pero si tienes opción y quieres ser madre: pare, porque la magia, el poder, la sintonía con el universo que se producen al momento de parir quizás no los vas a sentir nunca más en tu vida.  Sigue leyendo «Sin miedo a nada»

Filosofía Montessori, Montessori

¿A qué escuela va a ir?

artistic-2063_1920

Es inevitable que al tener un hijo nos hagamos esa pregunta. Conforme crecen, tenemos que encontrar una respuesta y tomar una decisión. En muchos foros leo a madres consultando sobre las mejores escuelas o pidiendo opiniones sobre uno u otro colegio. Esas discusiones me han hecho preguntarme a mí ¿qué escuela quiero para mi hijo? La respuesta es fácil: me encantaría un colegio Montessori, donde se respete su ritmo de aprendizaje pero, al mismo tiempo, no se desperdicie nada de su potencial, que no es otra cosa que su deseo y necesidad de aprender.  Sigue leyendo «¿A qué escuela va a ir?»

Maternidad

Cuando me enojo

flower-3178744_1920

Quienes me conocen desde siempre o desde hace muchos años pueden dar fe de mi carácter. Saben que puedo cantarle las cuatro verdades a cualquiera sin proferir un solo insulto. Quienes me conocen desde siempre pueden decir también que soy temible, implacable, sin miramientos. Sí puedo, pude, ser iracunda. Pero mucho ha cambiado. De alguna forma me cuestioné siempre mis reacciones. Pensaba si eran o no necesarias, dramáticas o exageradas. En el camino a reconocer mi enojo, me di cuenta de lo mucho que tenía para decirme, el inmenso conocimiento sobre mí misma que el enojo me posibilitaba. La maternidad, además, me dio otra mirada ¿quería un hijo reactivo? Como la respuesta es obvia me comprometí en un trabajo muy personal. Sigue leyendo «Cuando me enojo»

Lactancia, Maternidad

Mil días y mil noches

baby-1851360_1920

No sé lo que es ser amamantada. Nunca tomé el pecho materno. O mejor dicho, tomé durante once días nada más. Entonces, el médico, al ver los pezones sangrantes de mi madre, le dijo que no tenía leche y que yo, desesperada, me había alimentado de su sangre. ¿Se puede vivir once días sin comer? Este médico no le echó la culpa de esas heridas a mi frenillo. Según él, no era la causa, aunque ahora sabemos que sí. Mis cuatro mastitis lo certifican y mis treinta meses de lactancia son aval suficiente para demostrar lo contrario.  Sigue leyendo «Mil días y mil noches»

Maternidad

Cuestión de límites

Untitled design

Era sábado en la tarde. La luz del sol era intensa y cálida, todo lo que alumbraba se tornaba naranja. Se anunciaba un atardecer de ensueño. Por este lado del mundo, en medio de la vegetación tropical, las caídas de sol suelen ser un deleite para el alma. Esa tarde faltaban unos veinte minutos para que llegara nuestra hora de pasear. Entonces, me comenzó a doler la cabeza. En general, me duele por cansancio y se me pasa con una siesta de diez minutos. Pero era sábado. G. y yo estábamos solos. No había posibilidades de hacer una siesta. Mi hijo jugaba en el patio y le dije: “voy a buscar arriba una pastilla para el dolor de cabeza”. No me regresó ni a ver. Subí, busqué las píldoras mientras escuchaba a G. revoloteando por ahí. Me tomé la pastilla, me lavé la cara y, entonces, dejé de escuchar ruidos. ¿Qué está haciendo?, me pregunté. Más silencio. Un minuto sin ruido en un niño de dos años es demasiado. Bajé las escaleras y me encontré con la puerta de la casa abierta. Me asusté, claro, pero en cuanto pisé el umbral, vi a G. subido en su bici, junto a nuestra perra, admirando el jardín de la vecina.  Sigue leyendo «Cuestión de límites»

Filosofía Montessori, Montessori

El niño perfecto

boys-1149665_1920

Hablar de los hijos muchas veces (si no siempre) es un tema delicado. Aunque no queramos, terminamos comparando si come más o menos que el otro, si está atrasado o adelantado en su motricidad o en el inicio del habla, si es lo suficientemente alto o hábil, etc., etc. Hay una presión muy fuerte sobre los padres pero también sobre los niños. Sigue leyendo «El niño perfecto»

Montessori

Mi hijo escupe

Untitled design (1)

Un buen día, pasado los dos años de edad, G. comenzó una especie de juego que no me gustó nada. Cuando estábamos comiendo, tomaba jugo o agua y devolvía el líquido de su boca al vaso. Le producía mucha risa hacerlo. Mi primera reacción fue abrir los ojos como platos y decirle que el agua se tomaba, que podía atrancarse y ya no recuerdo que más. Mi intención fue parar ese comportamiento nada agradable. Pero frené mi ímpetu. Sé que siempre hay algo detrás. Entonces, me detuve a observar.  Sigue leyendo «Mi hijo escupe»

Maternidad

Una nalgada a tiempo

woman-1006100_1920

No, no voy a escribir a favor de los golpes. Voy a reflexionar sobre lo que esconde esa frase y del daño que hace. Parto por afirmar que enseñar o poner límites con golpes no es educar, es obligar al otro a actuar como uno quiere en base al miedo. Simplemente imagínense a un niño pequeño, la fragilidad de su cuerpo. Miren a ese niño recibiendo la potencia y la furia de un adulto que descarga sobre él hasta cuatro o más veces el peso de su cuerpo. ¿Les parece –por poner lo menos- una relación equilibrada de fuerzas? ¿Qué pasaría si ese niño no fuese un niño sino un adulto igual o más corpulento? Probablemente, el miedo a recibir el golpe de regreso nos detendría.  Sigue leyendo «Una nalgada a tiempo»