Maternidad

Calcetines diferentes

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El 21 de marzo se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down. Llevamos calcetines dispares para recordar que todos somos diferentes.

Cuando una se inaugura como madre no sabe lo que le espera. Nos damos cuenta muy pronto de que estamos ante un gran desafío: nos inundan las preguntas sin respuesta, las dudas, las angustias y los miedos. Con el pasar de los días, surfeamos los temores uno a uno, tomamos confianza conforme aprendemos lo más básico (cambiar pañales, sacar gases, cantar nanas) y lo más profundo (descifrar nuestras emociones, que criar es una tarea continua, que debemos moldear nuestro carácter). Nada vuelve a ser igual pero todo puede multiplicarse si la vida te entrega un hijo enfermo, con características o necesidades especiales.  Sigue leyendo «Calcetines diferentes»

Maternidad

Sin miedo a nada

InaMay

Si una niña me pidiera que le dé un solo consejo, uno de entre tantos posibles, sé el que elegiría. Le diría: si decides ser madre, ten un parto natural, niégate rotundamente a una cirugía. Si llegas a la cesárea que no sea por miedo al dolor o por decisión caprichosa de un médico. Con o sin operación, que se haga siempre tu voluntad, que nadie te maltrate, que te entregues al proceso de traer un hijo al mundo sin temores, acompañada y respetada. Pero si tienes opción y quieres ser madre: pare, porque la magia, el poder, la sintonía con el universo que se producen al momento de parir quizás no los vas a sentir nunca más en tu vida.  Sigue leyendo «Sin miedo a nada»

Maternidad

Cuando me enojo

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Quienes me conocen desde siempre o desde hace muchos años pueden dar fe de mi carácter. Saben que puedo cantarle las cuatro verdades a cualquiera sin proferir un solo insulto. Quienes me conocen desde siempre pueden decir también que soy temible, implacable, sin miramientos. Sí puedo, pude, ser iracunda. Pero mucho ha cambiado. De alguna forma me cuestioné siempre mis reacciones. Pensaba si eran o no necesarias, dramáticas o exageradas. En el camino a reconocer mi enojo, me di cuenta de lo mucho que tenía para decirme, el inmenso conocimiento sobre mí misma que el enojo me posibilitaba. La maternidad, además, me dio otra mirada ¿quería un hijo reactivo? Como la respuesta es obvia me comprometí en un trabajo muy personal. Sigue leyendo «Cuando me enojo»

Lactancia, Maternidad

Mil días y mil noches

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No sé lo que es ser amamantada. Nunca tomé el pecho materno. O mejor dicho, tomé durante once días nada más. Entonces, el médico, al ver los pezones sangrantes de mi madre, le dijo que no tenía leche y que yo, desesperada, me había alimentado de su sangre. ¿Se puede vivir once días sin comer? Este médico no le echó la culpa de esas heridas a mi frenillo. Según él, no era la causa, aunque ahora sabemos que sí. Mis cuatro mastitis lo certifican y mis treinta meses de lactancia son aval suficiente para demostrar lo contrario.  Sigue leyendo «Mil días y mil noches»

Maternidad

Cuestión de límites

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Era sábado en la tarde. La luz del sol era intensa y cálida, todo lo que alumbraba se tornaba naranja. Se anunciaba un atardecer de ensueño. Por este lado del mundo, en medio de la vegetación tropical, las caídas de sol suelen ser un deleite para el alma. Esa tarde faltaban unos veinte minutos para que llegara nuestra hora de pasear. Entonces, me comenzó a doler la cabeza. En general, me duele por cansancio y se me pasa con una siesta de diez minutos. Pero era sábado. G. y yo estábamos solos. No había posibilidades de hacer una siesta. Mi hijo jugaba en el patio y le dije: “voy a buscar arriba una pastilla para el dolor de cabeza”. No me regresó ni a ver. Subí, busqué las píldoras mientras escuchaba a G. revoloteando por ahí. Me tomé la pastilla, me lavé la cara y, entonces, dejé de escuchar ruidos. ¿Qué está haciendo?, me pregunté. Más silencio. Un minuto sin ruido en un niño de dos años es demasiado. Bajé las escaleras y me encontré con la puerta de la casa abierta. Me asusté, claro, pero en cuanto pisé el umbral, vi a G. subido en su bici, junto a nuestra perra, admirando el jardín de la vecina.  Sigue leyendo «Cuestión de límites»

Maternidad

Una nalgada a tiempo

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No, no voy a escribir a favor de los golpes. Voy a reflexionar sobre lo que esconde esa frase y del daño que hace. Parto por afirmar que enseñar o poner límites con golpes no es educar, es obligar al otro a actuar como uno quiere en base al miedo. Simplemente imagínense a un niño pequeño, la fragilidad de su cuerpo. Miren a ese niño recibiendo la potencia y la furia de un adulto que descarga sobre él hasta cuatro o más veces el peso de su cuerpo. ¿Les parece –por poner lo menos- una relación equilibrada de fuerzas? ¿Qué pasaría si ese niño no fuese un niño sino un adulto igual o más corpulento? Probablemente, el miedo a recibir el golpe de regreso nos detendría.  Sigue leyendo «Una nalgada a tiempo»

Maternidad

Un momento a solas

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Cuando mi hijo era un bebé pequeño hubo muchas veces en que pude bañarme recién a la medianoche o a la madrugada. Muchos días en que cambiarme de ropa o comer caliente eran un privilegio. Poco a poco la situación mejoró: mi hijo comenzó a tener un sueño más regular y a ganar cada día más independencia. Además, hemos tenido la suerte de que un duendecito guardián llega todas las mañanas a ordenarnos la casa y, de alguna forma, la vida: nos prepara comida, está pendiente de lo que falta, le encargo pagar algunas facturas o hacer ciertas compras. Sigue leyendo «Un momento a solas»

BLW, Filosofía Montessori, Lactancia, Maternidad, Montessori

Su primera comida

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Hace dos años exactamente, G. comió por primera vez. Aún recuerdo lo emocionada que estaba. Su alimentación fue libre de papillas: seguimos el método Baby Led Weaning (BLW) y recibimos la asesoría de Paola, una amiga nutricionista que nos dio un taller al respecto. El BLW no está reñido en lo absoluto con el método Montessori y después de dos años solo puedo estar agradecida con esta elección: mi hijo disfrutó y disfruta de la comida, prueba de todo, tiene una alimentación sana y balanceada, y se maneja con mucha autonomía en la mesa: usa vaso de vidrio desde el inicio de la alimentación complementaria, utiliza bastante bien los cubiertos (aún está aprendiendo a usar el cuchillo), se sirve sus alimentos y no hemos tenido nunca un mal rato por el tema comida. Esto último lo consideraba fundamental porque no quería que viviese lo que yo en la infancia: la obligación de comer y la imposibilidad de disfrutar de los alimentos. Después de dos años siento que la misión ha sido cumplida. Del primer año de su alimentación guardé un diario y, por pedido de algunas amigas, voy a hacer entradas que resuman mes a mes lo que fue nuestro primer año de alimentos. Sigue leyendo «Su primera comida»

Maternidad

No te quejes, no compares, no compitas

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Tres son los grandes ladrones de energía de las mujeres: quejarse, competir y compararse. Las tres C, por sus iniciales en inglés (complain, compite, compare). Esa es una de las enseñanzas de Kundalini Yoga que más atesoro. Cuando me siento cansada o enojada me doy cuenta de que estoy quejándome, cuando algo me entristece seguro que estoy comparando o comparándome, cuando siento algo de ansiedad casi siempre es porque estoy compitiendo. Las comparaciones no siempre son con otras personas, también se dan hacia situaciones: creemos que estuvimos mejor antes de tal o cual evento, o que estuviésemos mejor si tal o cual cosa pasara; competimos también por tener más de lo que ya tenemos sin recordar lo agotador que resulta mirar hacia un futuro irreal. En general, esas comparaciones, quejas y competencias pasan solo en nuestra cabeza porque cuando estamos enfocadasni competimos, ni nos quejamos, ni comparamos, nos concentramos en el presente y en nosotras mismas. Sigue leyendo «No te quejes, no compares, no compitas»

Maternidad

Ser madre a veces duele

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Duele el parto. Y duele también la cesárea. Duelen los pezones sangrantes. Duelen las noches sin dormir. Duelen las dudas, los reproches, las comparaciones. Duele el cansancio, la falta de tiempo, el cambio de prioridades. Duele sentirse un poco perdida. Duelen las ganas de salir corriendo. Duele quedarse quieta. Duele perder la paciencia. Duele cuando se lastiman. Duele cuando les duele. Duele cuando los extrañas, cuando no los tienes, cuando los pierdes. Duele no entender nada. Duele salir a trabajar o decidir no hacerlo. Duele ver a todo el mundo seguir con sus metas. Duele mirarse al espejo con los kilos de más o los de menos. Duele quejarse, duele quedarse en silencio. Sigue leyendo «Ser madre a veces duele»